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miércoles, 22 de febrero de 2012

Primavera Valenciana


Los acontecimientos sucedidos en la ciudad de Valencia estos pasados días, con la desmesurada represión de los antidisturbios de la Policía Nacional, nos debe llevar a reflexiones que nos permitan ver el trasfondo de la situación en la que se encuentra la Educación en la Comunidad Valenciana, pero en particular sobre nuestra juventud.

El efecto de la crisis y sobre todo, una pésima gestión de los recursos de la Administración han llevado a la quiebra al sistema del bienestar, asumido ya por todas las fuerzas políticas pero que en tiempos de crisis y gobernados por la derecha, fundamentalmente ha sentido sus efectos el sistema educativo público. Hasta el punto que los propios estudiantes de Enseñanza Media, que aparentemente asisten a las clases adocenados y más pendientes de la actualidad deportiva y musical que de la realidad social en la que viven, empezaron a reaccionar con la pérdida de calidad de sus servicios educativos, con docentes desmotivados por las malas condiciones laborales, con instalaciones obsoletas o en precarios barracones, pero sobre todo, con unos centros cada vez más mermados en recursos y con serias dificultades económicas para mantener el ritmo cotidiano.

Nos encontramos con adolescentes demostrando su queja yendo a su centro con mantas para combatir el frío, protestas por los cortes de la luz eléctrica, sentadas por la falta de recursos tan elementales como la tiza o los folios, marchas hasta las puertas de las delegaciones de Educación para mostrar su precoz indignación. Estos jóvenes han sufrido una merma en la educación de tal calibre que ha conseguido despertar sus conciencias y hacer que se levanten a reclamar una mejor calidad en la enseñanza pública, pero en el fondo, a exigir el derecho al futuro, a su futuro. Y en estas algaradas que nunca van más lejos del quedarse fuera de clase, sesudas y a la vez ingenuas asambleas, el cántico de consignas o la sentada a la puerta del centro, intentaban por fin nuestros adolescentes eclosionar en su particular primavera, como todos tuvimos la nuestra donde quisimos ser protagonistas de nuestro mundo y reclamar lo que nos pertenecía, un futuro lleno de sueños que acabará para todos, generación tras generación, convirtiéndose en el pragmático presente en nuestra edad adulta. Es la ley de la vida, pero ningún adolescente debe ser privado de su inalienable derecho a descubrirse, reclamar su espacio y lo que él considera justo.

Pero por desgracia y como ocurre tantas y tantas ocasiones, el presente es temeroso del futuro y se impone demasiadas veces con la fuerza a la razón y sus sueños, en la realidad, y no en el cuento, David gana a Goliat una de cada mil veces.

Con un clima de tensión en el territorio causada por la reciente reforma laboral, los recortes en los servicios de la administración, la corrupción, la de alta y la de baja intensidad, con una banca más pendiente de comprar deuda pública que de hacer circular el dinero en la calle, con una importante morosidad con los proveedores de los servicios públicos y el desempleo que crece con la incapacidad de la administración de dar soluciones, es posible o bien que hiciera falta un escarmiento aprovechando el eslabón más débil, o lo que seria terrible, desviar la atención de tanto problema fabricando una noticia de funestas consecuencias.

No entraremos en los detalles, para eso están las hemerotecas, pero los enfrentamientos en el las puertas del IES Lluis Vives de Valencia, han mostrado la peor cara del poder, ejercido sobre aquellos que pedían sus imposibles, que arrancan con el pago del recibo de la luz de su instituto hasta intentar llegar a la utopía de una sociedad más justa, como sueña cualquier chaval o chavala de 16 años. En el fondo ellos, enfrentándose con la voz y las carreras, recibiendo golpes y mostrándonos las caras del miedo y de la indignación, nos han devuelto a todos a la adolescencia, a nuestros particulares choques con la autoridad establecida, a recordar que una vez soñamos con otro mundo posible, mucho mejor que el que vivimos ahora. Y que es necesario levantar la voz cuanto sea necesario para reclamar lo que consideramos nuestro, como hacíamos cuando éramos estudiantes de enseñanza media. Se han ganado nuestros corazones y han despertado nuestras conciencias.

La lección probablemente ha sido muy dura para ellos, tropezar de bruces con el pétreo poder, inmisericorde y soberbio,  pero para nosotros, que tantas veces pensamos que nuestros jóvenes y adolescentes están aletargados, hemos podido ver con satisfacción que nada está perdido, que los príncipes de la Utopía nunca se marcharon de aquí, son ellos, nuestros estudiantes de enseñanza media, y van dentro de nosotros. Con estos acontecimientos se han ganado nuestro respeto y el apoyo de la también aletargada ciudadanía.

Definitivamente era verdad, a veces David puede con Goliat. Los estudiantes del IES Lluis Vives de Valencia nos han enseñado que otra sociedad es posible y que esto depende de nosotros. Parafraseando al Finch-Hutton de "Memorias de Africa", brindemos por la cándida adolescencia.

domingo, 28 de marzo de 2010

Una escuela republicana en Alicante

Este trabajo lo realiza Pepe Asencio después de nuestra comida coloquio con Sofia Morales, directora IES Virgen del Remedio de Alicante, y con José Antonio Fernández Cabello.


A veces los sueños se hacen realidad. Y algunas preguntas que en su día no hallaron respuesta alguna, hoy en día son explicadas con claridad meridiana. Reflexionad sobre las veces en que os habéis interrogado sobre qué hubiera sucedido si una determinada historia, o cualquier acontecimiento de especial relevancia, hubiera tenido un final distinto al que en realidad transcendió a la posteridad. Un ejemplo recurrente es: ¿Cómo sería en la actualidad una España republicana? ¿Qué papel jugaría entonces en este mundo globalizado? Pero no elucubremos con imposibles ucronías, ya que todos por desgracia conocemos lo que ocurrió y sus nefastas consecuencias en gran parte de ese fatídico pasado siglo, tanto en España como en el resto de nuestro planeta, para eso está la Historia.

Pues bien, yo digo que los milagros existen y no los hacen por supuesto un Dios que no está ni aparece nunca, ni mucho menos sus vírgenes o sus santos, sino que son los hombres y mujeres de bien que por suerte pueblan la Tierra. Y son esos hombres y mujeres, como los que forman el claustro de profesores del Instituto Virgen del Remedio de la zona norte de la ciudad de Alicante, los capaces de conseguir el milagro de gracias a su concienzudo trabajo y esfuerzo diario, cambiar drásticamente el rumbo futuro de la historia de este país. Liderados en la actualidad por Sofía Morales, una mujer comprometida con la Educación, y en su día por el que fuera su director José Antonio Fernández Cabello, persona que definiría de firmes convicciones democráticas y ferviente defensor de los valores republicanos, ambos alimentados por un ideario humanista que se entronca en la izquierda progresista y librepensadora que floreció en España en el primer quinquenio de la década de los años treinta del siglo XX. Defensores de sus ideas desde la razón que dirigen con firmeza sus actos. Estas personas singulares han encontrado entre sus correligionarios a un grupo humano muy preparado y que cree con firmeza en su trabajo cotidiano, dispuesto a aplicar a la educación que imparten a sus alumnos un marcado cariz republicano – entendiendo este último término tanto desde la perspectiva francesa de emparentar República con todo lo concerniente a lo público; y en cuanto a desarrollar los conceptos fundamentales del más puro ideario republicano -, me refiero en concreto a formar a mujeres y hombres dentro de un marco en el que se aplica una educación libre y crítica, con el ánimo de que ésta consolide para siempre en ellos una defensa a ultranza de la Libertad. En una educación en la que prima la Igualdad, que se cristaliza en la paridad de sexos a la hora de acceder a puestos relevantes en la sociedad, sin tener nunca en cuenta el medio social de procedencia, ni las condiciones económicas del alumno; sino su capacidad e inteligencia. Y por último una enseñanza que les habla y enseña la solidaridad con el otro, con el diferente, que les instruye en los valores de la cooperación e integración, además de inculcarles en la riqueza que aporta, en todos los aspectos, el enorme caudal que arrastra la diversidad humana.

Alredor de novecientos alumnos disfrutan de este tipo de educación en un Instituto de Enseñanza Secundaria de un depauperado barrio de esta ciudad azotado más que otros por la crisis, que tuve el honor y la fortuna de poder visitar en su día. Visita que me satisfizo en grado sumo y me hizo enormemente feliz. Pude constatar “in situ” como ese utópico proyecto educativo está en muy buenas manos. Sobre todo aquel que se lleva a cabo con los más desprotegidos y por lo tanto más vulnerables. Con esas chicas y chicos, que suman más de un cuarto del alumnado, que vienen de otras tierras tras la senda de sus progenitores en busca de un futuro mejor. A ellos se les está ayudando a aprender nuestro idioma, se les está brindando la oportunidad de que puedan materializar sus juveniles sueños, de que gocen de las mismas prerrogativas de cualquier compañero/a de su misma edad. Se les está enseñando cuales son sus derechos y cuales sus obligaciones para con la sociedad en la que viven y se desarrollan. En definitiva, se les está formando como ciudadanos, como hombres y mujeres de bien.

Quiero finalizar este escrito con las mismas palabras que empleó en un momento de la visita mi respetado y admirado José Antonio Fernández Cabello parafraseando al mayo del 68: “Seamos realistas y pidamos lo imposible”.



Pues eso… y muchas gracias.

sábado, 13 de marzo de 2010

Comida con el IES Virgen del Remedio de Alicante

Imágenes de la comida el 12 de marzo (realizadas por nuestro compañero Joserra) con Sofía Morales, directora del IES Virgen del Remedio de Alicante, y con su antecesor, nuestro amigo José Antonio Fernández Cabello. Celebramos su premio Importantes del Diario Información y disfrutamos de un agradable coloquio sobre los proyectos que desarrolla este instituto de enseñanza media de la zona norte y de la política educativa de nuestro municipio y del gobierno autonómico.












¡Gracias por vuestro encomiable trabajo en favor de una educación pública igualitaria, libre y solidaria!



domingo, 30 de noviembre de 2008

Font de Mora… Yes, we can


Ayer se realizó una importante manifestación por las calles de Valencia, el Grupo 180 estuvo allí representado por algunos de sus miembros. Como siempre en los medios aparece la guerra de la cifra de datos que suele haber en estos eventos. El gobierno de Camps hablaba de 10.000 manifestantes y los organizadores de 80.000. La verdad es que desde la cabecera de la manifestación a la cola pasaron hora y cuarto de un coso educativo multicolor, porque aquello era una fiesta por la educación pública: padres, alumnos y alumnas, docentes, sindicatos y partidos políticos.

Cuestionada su representatividad por el Conseller Font de Mora, la verdad es que consiguió el Conseller lo que nadie había conseguido nunca, unir a todos los colectivos por un motivo pedagógico, no por una cuestión de inversiones o reivindicaciones salariales, que también.

Si uno de los principios del estado del bienestar, asumido ya por gran parte de las derechas europeas, pasa por la distribución equitativa de la riqueza a través de los servicios públicos, y si los instrumentos son las pensiones, la sanidad y el sistema educativo, sin lugar a dudas en la educación ha de ser la redistribución del conocimiento, que ha de llegar a todos y con un sistema público educativo garantista de este concepto.

Y quienes están en este momento al frente del gobierno autonómico desoyen este criterio, sin lugar a dudas por motivos ideológicos cada vez más evidentes. Con la fractura educativa determinados sectores de la sociedad difícilmente alcanzarán la igualdad en el conocimiento, y en estas condiciones las clases dominantes, las que ejercen el liderazgo de la sociedad, siempre saldrán de un mismo estrato social, lo que hace más fácil sostener las distancias entre clases y el poder. Nos devuelven otra vez a tiempos de la revolución industrial del XIX, donde a costa de la máxima calvinista de que el trabajo dignifica se sobreexplota a gran parte de la sociedad, mientras que las plusvalías son para unos pocos. Que mejor que utilizar el sistema educativo para perpetuar este fin.

De este modo hemos estado viendo el importante deterioro del sistema público de enseñanza: sin inversiones, con centros deteriorados, en condiciones tercermundistas (miles de alumnos estudiando en barracones), con facturas sostenidas por los padres por falta de fondos de maniobra en los centros, con una población escolar masificada, también por el fenómeno de la inmigración del que no participa la enseñanza concertada, y siendo utilizada como vertedero del fracaso escolar de dicho sistema de concertación. Con un panorama así hemos de añadir el mal funcionamiento para cubrir las bajas de docentes, la cuestionada autoridad de los profesionales, la repercusión en el trabajo de estas pésimas condiciones, lo que hace que tengamos un cuerpo de profesores totalmente desmotivado y desmoralizado.

Pues a todo esto solo le faltaba una gota que colmara el vaso, el problema de la Educación para la Ciudadanía. Una materia que efectivamente hace doctrina, doctrina de ciudadanía. Que los futuros ciudadanos y ciudadanas conozcan su sistema jurídico, las bases del ordenamiento democrático, los derechos y deberes de los ciudadanos, el papel de sus instituciones, y como no, a convivir en la tolerancia y a fomentar el espíritu solidario. Con unos criterios ideológicos como los antes expresados es imposible la compatibilidad con esta nueva materia, máxime con la connivencia con la iglesia católica, convertida en brazo propagandístico de la derecha más conservadora de nuestro país, y que reclama en ser patrón de ética de todos, creyentes o no, permitiéndose el lujo de hacer doctrina fuera de sus púlpitos y anatemizando el derecho al conocimiento de las normas de convivencia de unos y otros.

Se intentó impedir la aplicación de la nueva materia de muchas maneras, pero finalmente alguien tuvo la divertida idea de impartirla en inglés. Lo que parecía una broma pesada se convirtió en realidad. Con una población escolar con insuficiente capacidad lingüística como para comprender la materia en inglés, y con el pendiente déficit de profesores de inglés en los primeros cursos de primaria se lanzaron al peligro como un trapecista, con la ayuda del instrumento represivo de los inspectores y las amonestaciones a los profesores como pértiga para mantener el equilibrio.

Ayer decía Gemma Piqué, presidenta de la FAPA de Valencia y en representación de la plataforma en defensa de la enseñanza pública que “no obligue al profesorado a cumplir órdenes incumplibles. No escondan sus razones. Ustedes no quieren que se enseñe Educación para la Ciudadanía. Eso lo sabemos todos los que estamos aquí”. Han forzado la máquina de más, y en su pulso contra el gobierno central con criterios ideológicos de la derecha más rancia, han convertido el problema en la gota que ha desbordado el vaso de la deteriorada enseñanza pública. No se debe abrir la caja de Pandora cuando sabemos que las cosas no andan bien.

Es en estas ocasiones, con peligro de ser tachada la idea de jacobina, se podría pensar que el sistema educativo no debió entregarse en su totalidad en manos de las Autonomías. El corpus curricular debería ser igual para todo el territorio, y sin bien puede ser aceptable que la financiación sea gestionada desde los gobiernos autonómicos, por conocer desde la proximidad las necesidades de los conciudadanos, si al menos hubiera sido deseable un cuerpo de inspectores estatal, absolutamente profesional, que velara por la calidad de la educación en todos sus aspectos y por igual en todos los territorios del Estado. Nos hubiéramos evitado estos experimentos de aprendiz de brujo y puede que hubiera amortiguado en gran medida la fractura educativa que existe en la Comunidad Valenciana.

La peor noticia que puede recibir una nación, es que los hijos tengan una preparación más deficiente que los padres, porque es prueba de una degeneración sin paliativos. No juguemos con el futuro de los nuestros, no juguemos con nuestro futuro.